Sobre la ergonomía

La etimología de la palabra ergonomía indica que proviene de dos particulas griegas: ergos, "actividad", y nomos, "normas naturales". Ambas arrojan luz sobre una disciplina que se pcipa del desarollo eficiente de cualquier actividad o tarea de modo que resulte lo más natural posible para quien las realiza. En esta definición subyace un concepto fundamental: el hombre y su naturaleza, su cuerpo, sus movimientos, su funcionamiento, su lógica y su significado.

Un objeto de estudio de este campo del conocimiento es, por ejemplo, el movimiento que hace una persona al caminar. Esta dinámica pone de manifiesto la complejidad de nuestro cuerpo y lo revela como un ente que, al mejor estilo de un sistema de suspensión mecánica, toma decisiones constantes para mantenerse en equilibrio sin importar que se introduzcan en el sistema cambios topográficos, desplazamientos del centro de gravedad, el uso de las extremidades como contrapeso para estabilizarlo, etc. La ergonomía surge, entonces, como un estudio del cuerpo, de las proporciones y, en un sentido mucho más romántico, de la capacidad de sorprendernos ante los diseños de la naturaleza.

El desarrollo de la ergonomía

Los aportes en torno al conocimiento del cuerpo provienen de casos tan aislados como disímiles, y a lo largo de la historia articulan disciplinas tan diversas como la música, la matemática, la arquitectura y el arte. Uno de los primeros fue el arquitecto Vitruvio, que en el contexto de la Roma del siglo I AC estudió las medidas del ejército del César como miras a desarrollar artefactos y máquinas para la empresa militar empresarial.

Fue entonces cuando surgió la antropometría, ciencia encargada de tomar medidas y estudiar las relaciones entre las mismas que generó conceptos como la perfección geométrica, la divina proporción áurea y hasta el número de oro y que los articuló con principios de belleza y salud.

Esta amalgama precipitó la estandarización y la generación de cánones, al tiempo que estudió las proporciones y las medidas del hombre hasta plasmar unos preceptos que aún hoy siguen vigentes.

Posteriormente, al igual que en otras artes, la expansión medieval del comercio dio lugar a una visión antropocéntrica en el Renacimiento que, en manos de maestros como Leonardo Da Vinci, le dio continuidad a los estudios del cuerpo, produjo dibujos tan reconocidos como El hombre vitruviano y jugó algún papel en el nacimiento de la anatomía.

El siglo XIX trajo consigo una preocupación por optimizar los recursos humanos en el campo laboral, afán que llevó a los estudiosos a calcular, por ejemplo, el peso máximo que un trabajador podía cargar sin perjudiciar su desempeño o sufrir daños físicos.

Wilson y Taylor implementaron una metodología racionalista y rigurosa para medir y estudiar este tipo de fenómenos que arrojó resultados increíblemente positivos y cambió para siempre la noción de trabajo. Al mismo tiempo, una versión más global del comercio, el desarrollo de centros urbanos, la densificación de la población y el advenimiento de la máquina como el nuevo mesías del hombre le permitían a muchos hablar de "progreso" y a proponer una nueva visión del trabajo, la eficiencia y el papel laboral de las clases sociales emergentes.

Para la segunda década del siglo XX los estudios de Frank y Lillian Gilbreth aportaron conceptos como la medición cuantitativa en "estudios de tiempos y movimientos" y le imprimieron rigor metodológico a la ergonomía. La construcción estadística de parámetros estableció rangos y parámetros para el diseño de herramientas e implementos, al tiempo que permitió concebir espacios y procedimientos de trabajo: a diferencia de la experiencia de la era romana, este período se concibió al cuerpo como una máquina, idea heredada de la Revolución Industrial que sintetizó el concepto de biomecánica.