LA NUEVA APUESTA DE LA ARQUITECTURA EN LOS ENTORNOS DE APRENDIZAJE

Los paradigmas actuales sobre tipologías de aulas constituyen una base sobre la cual se desarrollan conceptos como la partencia o la apropiación. Pero en este punto se han superado las tipologías y en su lugar han aparecido dinámicas de actividades complementarias. En la infraestructura pública de colegios, por ejemplo, la edificación constituye un escenario fértil para la comunidad, un espacio democrático en donde se desarrollan actividades que trascienden la dimensión de la “clase”.

En la primera década del siglo xxi, el distrito emprendió un macroproyecto a partir de una reflexión sobre el concepto de inversión pública. Dicha iniciativa rompió varios paradigmas, pues implicó obras ambiciosas, con conceptos innovadores y, sobre todo, con la mayor calidad posible. Para tal efecto, invitó arquitectos de primera línea, empleó los mejores acabados y propuso espacios abiertos, todo lo cual posibilitó un cambio que ahora resulta evidente.

Al plantear los espacios de los colegios como infraestructura pública abierta, la inversión se comparte con los barrios en donde se implementa, ofreciéndoles así calidad de vida no sólo a los estudiantes, sino también a sus familias y al entorno inmediato. Paradigmas de “muro” o de “reja” que contienen espacios de un solo uso, le ceden su lugar a escenarios ideales para la interacción social, en donde el mismo edificio genera un borde. Tal esquema resulta mucho más productivo, ya que multiplica los usos y los tiempos útiles de la infraestructura, al tiempo que la convierte en patrimonio de la comunidad, que termina por valorarla, apropiarla, y protegerla. La conclusión clave es que los muros no solucionan los problemas de seguridad.