La calidad del aprendizaje no sólo está relacionada con factores cognitivos y pedagógicos; también está directamente influenciada por las características físicas del espacio donde se aprende, independientemente de la edad. De ahí que los métodos y técnicas de enseñanza de los últimos años ya contemplan dentro de sus intereses la arquitectura y otros elementos espaciales, como los muebles, la distribución de los puestos, la acústica y los colores, entre otros.

A continuación encontrarás los puntos clave para hacer de cualquier aula un catalizador y potenciador del aprendizaje:

El primer punto que hay que tener en cuenta para crear un ambiente ideal para el aprendizaje es asegurar que todos y cada uno de los estudiantes puedan ver claramente. Suena obvio, pero realmente es uno de los problemas más comunes en colegios y universidades; muchos salones suelen tener una forma rectangular demasiado alargada, que distorsiona las líneas de visión de los estudiantes que se ubican a los lados. Esto no sólo tiene un impacto directo en su visibilidad, sino que también puede afectar su capacidad de concentración y postura. A mayor uniformidad en el largo de un salón con respecto a su anchura, mejor visibilidad tendrán todos los alumnos.

A propósito de lo anterior, y teniendo en cuenta que muchas instalaciones educativas no pueden sencillamente demoler los salones para construir otros más “cuadrados”, es recomendable cambiar la disposición tradicional del aula, lo que significa romper con las filas y organizar los puestos en forma de medialuna. Esto, no sólo favorece la visibilidad de los alumnos (sin maltratar ni esforzar su postura), sino que genera un mayor el involucramiento entre los estudiantes y el profesor, ya que elimina esa brecha que divide tan radicalmente a ambas partes y crea una sensación de flexibilidad y familiaridad que reemplaza la rigidez del aula tradicional.

La iluminación de los salones también es un factor determinante en cuanto a la visibilidad. Siempre que sea posible, la luz natural es preferible, pues se ha demostrado que mejora resultados de las pruebas en colegios hasta en un 25% más que la luz artificial. En cualquier caso, lo importante es que los alumnos tengan la posibilidad de controlar la entrada de luz, ya sea natural o artificial, de acuerdo a sus necesidades; por lo que se sugiere que las aulas cuenten con cortinas y luces graduables.

En segundo lugar está el mobiliario, que es el elemento que relaciona a los estudiantes con su entorno, por lo que tiene una gran influencia en sus procesos cognitivos y productivos. Éste debe poder flexionarse y moverse de acuerdo al movimiento natural del cuerpo de los alumnos, sobre todo, cuando deben permanecer sentados durante largos periodos. Las teorías del aprendizaje de los últimos años apuntan a que, después de 20 minutos de mantenerse en la misma posición, los estudiantes se desconcentran, por lo cual la capacidad de movimiento (que no sólo debe ser posibilitada sino estimulada por el mobiliario) tiene un efecto de re-arranque en el cerebro, que lo devuelve a su estado de alerta y atención.

El mobiliario siempre tiende a ser relacionado con el concepto de comodidad y, por supuesto que lo está; después de todo, actúa como soporte del cuerpo; sin embargo, se trata de un vehículo que también debe posibilitar la transformación de las aulas. De esta manera, los muebles deben ser ligeros y fáciles de trasladar para poder “armar” escenarios que permitan diferentes dinámicas, según las necesidades que se presenten. Tal es el caso de los trabajos grupales y otras actividades que fomenten varios tipos de interacciones de importancia capital para el aprendizaje, pues debemos recordar que entre más sentidos estén involucrados en los procesos de aprendizaje, la información será más memorable y profunda para los alumnos.

Es necesario que los colegios y otras instituciones educativas dejen de ver al mobiliario como un elemento diseñado únicamente para reposar el cuerpo, y que empiecen a encontrar en él a un aliado y apoyo de la pedagogía.

Los colores dentro del salón de clase también son muy importantes y pueden tener un impacto tanto negativo como positivo en el aprendizaje y comportamiento de los estudiantes. La paleta de colores más recomendable incluye el amarillo (para mantener la atención), el verde (para incrementar la creatividad), el azul (para generar una sensación de tranquilidad) y otros como el naranja claro y el beige. Estos colores pueden ponerse en los pisos, algunas paredes, muebles y sillas, o mediante la exposición de los trabajos de arte de los estudiantes u otros elementos decorativos similares. Las plantas también pueden ayudar a crear una sensación general de bienestar.